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Las participaciones preferentes y los bonos convertibles, la gran preocupación de la banca y de sus usuarios

Las participaciones preferentes y los bonos convertibles, la gran preocupación de la banca y de sus usuarios
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La nueva prioridad de los bancos españoles es captar más de 25.000 millones de euros con el canje de participaciones preferentes y bonos convertibles a acciones ordinarias o bonos de nueva emisión. Es la única manera de cumplir con las exigencias de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), que ha acelerado la reestructuración del capital de los mayores bancos españoles.
De momento, el BBVA ha conseguido una aceptación de casi el 100% en su oferta de canje de participaciones preferentes por bonos convertibles en acciones. Por contra, Santander es la entidad financiera con el mayor déficit de capital, aunque ha logrado convencer a los inversores para que canjeen sus participaciones preferentes por acciones del banco. Los clientes no perderán la inversión aunque quedarán a merced del mercado cuando lo que contrataron en su día era un producto con tipo fijo y con posible recompra a los cinco años.
Banco Popular tiene 1.194 millones en bonos convertibles, de los cuales 500 millones van a precio de mercado con posibilidad de conversión en 2013, aunque la entidad financiera necesita convertir todos los bonos lo antes posible. Caixabank, por su parte, ha lanzado un programa de recompra de preferentes por convertibles y deuda subordinada.
Banco Sabadell, que adquirió recientemente Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), comunicó que quiere canjear sus participaciones preferentes y las de la caja alicantina por acciones. Sin embargo, siguen saliendo casos de usuarios afectados por una incorrecta comercialización de estos productos. El caso más insólito es el de un empresario de Castellón, que reveló que una oficina de la controvertida CAM le retiene 36.000 euros hasta el año 3000.
Según explicó el afectado a El Mundo, el 31 de diciembre del año 3000 es la fecha en la que podrá extraer los 36.000 euros de inversión que suscribió en 2006 en participaciones preferentes. Confiando en el banco, que le había ofrecido este producto asegurando una gran rentabilidad, el empresario firmó el contrato sin adquirir más información, pensando que era una buena operación. La desinformación y el perfil del producto —constata que nadie le advirtió de la verdadera naturaleza de las preferentes— han suscitado la polémica.
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