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Brexit: La cuenta atrás

Brexit: La cuenta atrás
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Como es bien sabido a día de hoy, en fecha 23 de junio de 2016 tuvo lugar el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, por el cual la población de dicho miembro optó, con un ajustado 51,9 %, por salir de la Unión. No era la primera vez que una consulta de esta naturaleza tuvo lugar, dado que un primer referéndum en fecha 5 de junio de 1975 se planteó sobre la misma cuestión, obteniendo los partidarios de la permanencia una clara victoria por el 67,23 %, frente al 32,77 %.

¿Quieren o no quieren los británicos salir de la Unión Europea?

El resultado de este segundo referéndum fue, para muchos, un golpe inesperado, aun cuando el Reino Unido siempre se ha caracterizado por ser un miembro de la Unión contrario a una integración europea que fuera mucho más allá de un mercado interior europeo. Así, el entonces Primer Ministro, David Cameron, pidió a sus ciudadanos el voto para la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, si bien previamente cedió ante fuertes presiones de importantes sectores del propio Partido Conservador al que Cameron pertenece y del partido euroescéptico UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido) que conllevaron la convocatoria del segundo referéndum y la consiguiente victoria de los partidarios de la salida o Brexit.

Muy en resumidas cuentas, la victoria de los brexiters vino propiciada por el contexto de crisis económica, en el que la pertenencia a la Unión Europea dejó de ser percibida como algo positivo para la economía británica, y el auge de los discursos antinmigración propiciados, muy especialmente (aunque no únicamente), desde el partido de la UKIP. Fuera como fuera, entre los propios partidarios del Brexit se concibió la salida como un instrumento necesario para recuperar la soberanía perdida en varias competencias antes cedidas a la UE, si bien probablemente la forma de salir de la Unión ha sido una cuestión que ha ganado especial relevancia en el escenario postreferendum.

Brexit duro vs Brexit blando

Así las cosas, la victoria de los partidarios del Brexit, previsto para la fecha de 29 marzo de 2019, planteó en la sociedad británica el como llevar a cabo la salida en cuestión. A día de hoy, en el día de hoy quedan en el aire grandes interrogantes acerca de las cuestiones que definen por antonomasia el mercado único europeo: la libre circulación de capitales, bienes, servicios y personas, todo ello con el agravante de la posible restauración de la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte que el ejecutivo británico, hoy liderado por Theresa May, quiere evitar en las negociaciones que está manteniendo con la Unión Europea.

Así, una de las posibilidades que se barajan es que el Reino Unido abandone la Unión Europea pero que permanezca en el mercado único europeo, como ocurre con Islandia y Noruega. Ello implicaría, como se remarca desde la Unión, aceptar las libertades de capitales, bienes, servicios y personas. En este sentido, el ejecutivo liderado por May es reacia a aceptar en bloque las cuatro libertades, pero busca alcanzar un acuerdo de Brexit blando, en el que el Reino Unido conserve la libre circulación de capitales, bienes y servicios al tiempo que pueda recuperar competencias en materia aduanera, para satisfacer las exigencias de control fronterizo de los sectores probrexit.

En estos momentos, no parece que exista una salida clara para alcanzar un acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido, situación que viene especialmente agravada cuando ni los propios planes de negociación liderados por Theresa May parecen convencer al Parlamento Británico. Todo ello acerca a las partes implicadas a un escenario de Brexit duro, es decir, el de una salida desordenada y no consensuada.

Las probables consecuencias de un Brexit duro

Resulta evidente que las consecuencias de un Brexit duro no son conocidas a ciencia cierta, pero las previsiones ante este escenario no son especialmente alentadoras. Todo lo contrario. Algunas estimaciones apuntan hasta una caída del PIB en un 9,3 %, y el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, ha alertado de una tasa de desempleo que podría alcanzar el 10 % o de un descenso abrupto de los precios de la vivienda, entre otras consecuencias.

Por su parte, el ejecutivo liderado por May no esconde el negativo impacto que un Brexit duro tendría. Así, en primer lugar un Brexit duro supondría un fuerte varapalo para los ciudadanos británicos residentes en el extranjero, que podrían dejar de percibir de forma ordenada sus pensiones, así como se desconoce en qué quedaría la situación de los comunitarios residentes en Reino Unido. Asimismo, cualquier transacción bancaria, o el propio uso de una tarjeta de crédito, podrían encarecerse de forma considerable. En el aire también quedan cuestiones como problemáticas relacionadas con cuestiones de suministros de bienes o de alimentos, o la propia estabilidad financiera de grandes compañías multinacionales instaladas en el Reino Unido.

En Navas & Cusí y desde nuestro departamento de Derecho de la Unión Europea con sede en Bruselas podemos asesorarle con cualquier cuestión que pueda afectarle relacionada con su situación ya que somos abogados especialistas en Brexit. Puede ponerse en contacto con nosotros rellenando el formulario de contacto o llamando al 915 76 11 50

 

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